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Las 5 heridas del alma – primera parte

las 5 heridas del alma

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Las 5 heridas del alma – primera parte

Cuando escuché por primera vez este concepto sentí profunda curiosidad e investigué hasta llegar a su fuente, el libro Las 5 heridas que impiden ser uno mismo de Lise Bourbeau.

Cuáles son las 5 heridas del alma:  rechazo, abandono, humillación, traición e injusticia.  Cada una de ellas tiene una máscara que, según la autora, son mecanismos que utilizamos para protegernos y ocultar lo que no hemos podido resolver.

En esta entrada solo hablaremos de las 2 primeras heridas y sus máscaras.  En una segunda parte comentaremos las otras 3 y lo que recomienda la autora para sanarlas.

Antes de entrar en materia quiero compartirte un poco quién es la autora.  Lo considero relevante para entender el origen de su propuesta.

SOBRE LISE BOURBEAU

Durante su carrera profesional como gerente de ventas regional en Canadá, entrenó y ayudó a más de 40,000 personas a estar conscientes de su potencial.  A través de esta experiencia se percató, que pocos se sentían felices y realizados con sus vidas.  Ella quiso entender mejor el por qué y ante todo cómo podía ayudar en esta área.

Tomó múltiples entrenamientos y luego ofreció talleres para enseñar a escuchar a nuestro cuerpo, a la vez que investigaba al respecto.  Llegó a convertirse en una experta en decodificar la conexión y alineación de mente/cuerpo/emociones con enfermedades.

A partir de allí su propósito fue ayudar a las personas a aceptarse y amarse de una manera profunda.  Fundó una escuela de bienestar llamada Escucha a tu cuerpo y ha escrito varios libros relacionados con estos tópicos.

Detallo esto como preámbulo porque, aunque ella reconoce que lo que sustenta en su libro sobre las 5 heridas del alma no tiene pruebas científicas, sí involucra profunda y comprometida investigación sobre patrones mentales, emocionales y de conducta, producto de su intenso trabajo con personas y sus estudios profesionales.

EL POR QUÉ DE LAS HERIDAS

Su premisa es que todos al nacer venimos con la misión de vivir experiencias una y otra vez, hasta que podamos aceptarlas y amarnos a través de ellas. Cuando tenemos juicios, culpabilidad, temor, crítica o quejas sobre lo que hacemos o somos, es muestra de que no nos aceptamos y nos volvemos poderosos imanes que atraemos personas y circunstancias que nos hacen revivir esa experiencia.

Ella sostiene que aceptar la experiencia no es que nos agrade o estemos de acuerdo, sino aprender de lo que vivimos y reconocer qué es beneficioso y qué no, es decir adquirir consciencia de las consecuencias de la experiencia.

Por ejemplo, si una vivencia me trae consecuencias que considero negativas, en lugar de reprocharme, castigarme o culparme a mí o a otro(s), aprendo a aceptar haberla elegido o vivido, la agradezco, tomo el aprendizaje y continúo en paz conmigo.

LAS 2 PRIMERAS HERIDAS Y SUS MÁSCARAS

Esta es una breve descripción general.  No presenta el cómo se pueden sanar.  Eso lo dejaré para una próxima entrada, pues esta ya es bastante extensa.

Herida #1 – rechazo

Quien la tiene se siente rechazado en su interior. Esta herida se manifiesta desde que somos muy pequeños. Se puede originar por un embarazo no deseado o inesperado; o porque se anhelaba un hijo de otro sexo.

La máscara para esta herida “huidizo”, una persona que procura pasar desapercibida, se infravalora, se anula.  La primera reacción al ser rechazado, es huir.  El huidizo requiere hacer las cosas muy bien para obtener reconocimiento.

Vocabulario probable: “los demás son más interesantes que yo; poco importa lo que haga; haz lo que quieras, a mí no me afecta para nada; no lo culpo por haberme dejado; nadie me valora o valora mi esfuerzo.”

Cuanto más profunda sea la herida de rechazo en una persona, más atraerá circunstancias para ser rechazada o rechazar a los demás.  La reconocemos en alguien que se considera nulo, bueno para nada, incapaz de marcar la diferencia en la vida de otros o porque huye de forma constante de las situaciones.

Herida #2 – abandono

Las personas abandonadas sienten que no son queridas, muchas experimentan una profunda falta de comunicación con su progenitor; es una herida que se vive o desarrolla con el progenitor del sexo opuesto.

La origina hasta un abandono temporal que el niño interpreta como permanente.  Por ejemplo:  me dejaron “abandonado” en la escuela; un papá que trabaja demasiado deja abandonado a sus hijos en casa o con otros.

A nivel corporal se manifiesta por falta de tono muscular.  La máscara es la dependencia.

Tiene miedo a la soledad, hace lo posible por llamar la atención y ser amado.  Aguanta por ello situaciones difíciles en vez de ponerle fin.  Tienden a convertirse en víctima. Necesita la atención y presencia de otros.

Vocabulario:  ausente, solo, miedo a la palabra dejar. «Me siento solo; siempre me abandonan o me dejan solo con todo».

Les incomoda demasiado no ser invitados a reuniones, aunque no pretendan ir, refuerza el hecho de que son poco importantes o amados.

Esta herida la reconocemos en personas que abandonan proyectos en los que tenían mucho interés, no se ocupan mucho de sí mismos, se abandonan, prestan poca atención a sus necesidades.  Se apegan demasiado a los otros, hasta el punto que los ahogan y asustan y generan con ello el que los abandonen.  Se crean muchas enfermedades para llamar la atención.

Lo esencial es identificar nuestra(s) herida(s) para entendernos mejor y buscar la manera de sanarla(s).  Seguiremos hablando de este interesante tema, muy pronto en la segunda parte de esta entrada.  Mientras puedes escuchar esta entrevista realizada a Lise Bourbeau en relación a la sanación de las heridas del alma.

Me parece interesante esto, quiero ir a la segunda parte.

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