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Las 5 heridas del alma – segunda parte

5 heridas del alma

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Si leíste la primera parte entenderás lo que viene a continuación, de lo contrario te recomiendo ir a la entrada con la primera parte. Reitero que son observaciones basadas en el libro Las 5 heridas que impiden ser uno mismo de Lise Bourbeau. https://lisebourbeau.com/

En la entrada previa revisamos las heridas rechazo y abandono. Hoy continuamos con las otras 5 heridas del alma, humillación, traición e injustica y el proceso de sanación que nos propone la autora.

LAS 3 ÚLTIMAS HERIDAS Y SUS MÁSCARAS

Herida #3 – humillación

Tiene que ver con herir el amor propio de alguien, disminuirlo.

Entre los sinónimos están la vergüenza, la sumisión y la mortificación. Esta herida se manifiesta entre el primer y tercer año de edad cuando estamos aprendiendo a valernos más por nosotros, ir al baño solos, por ejemplo, y comprender lo que nos dicen los adultos.

Si un alma llega al mundo para sanar esta herida elige progenitores que le humillarán.

Se manifiesta o despierta si percibes o interpretas que tus padres sienten vergüenza por algo que dices o haces o si te controlan demasiado. Desde pequeños se puede percibir el desagrado y sentir por ello vergüenza o humillación.

La máscara para esta herida, “masoquista”, una persona que encuentra satisfacción y hasta placer sufriendo. Aun de forma inconsciente busca el dolor y la humillación en muchas interacciones. El masoquista suele ubicarse en situaciones en las que se ocupa tanto de otros que se olvida hasta de sí mismo. Es la máscara más difícil de detectar.

Vocabulario probable: “ser digno o indigno o merecer o no”; usa muchos diminutivos “tienes un minutito para mí”, “tengo una pequeña idea o solución”. Sin embargo si va a comentar alguna falla personal la magnifica “qué gran torpe soy”, “qué trastada más grande he hecho” cuando a la luz de otros son errores insignificantes.

Herida #4 – traición

El término clave relacionado a esta palabra es fidelidad pues es justamente lo contrario. Surge entre los 2 y 4 años de edad cuando se desarrolla la energía sexual y sufrimos el complejo de Edipo, o enamoramiento de nuestro progenitor del sexo opuesto (o persona que juega este papel), con quien se produce esta herida.

Muchos crecen y no superan ese “enamoramiento” y buscan la aprobación de ese padre o esa madre de forma permanente. Entre más los ignoren, más devaluados o traicionados se sienten. Tienden a comparar a sus parejas con sus padres y a generar numerosas expectativas en ellos para compensar lo que no recibieron del progenitor.
Puede darse cuando nace otro hijo y se vuelca la atención de forma abrupta y marcada hacia el nuevo bebé.

La máscara es la del controlador. Desarrolla esta conducta para ser fiel y responsable a los compromisos o garantizar que los otros también cumplan sus compromisos.

Como no toleran la traición hacen lo posible por ser responsables y fuertes, incluso al emitir juicios u opiniones. Se impacientan si les entregas algo tarde o en tiempo justo; son muy puntuales y sufren cuando pasa lo contrario. Les cuesta delegar porque deben confiar en otros y le aterroriza que le mientan.

Vocabulario: ¿me entiendes? Para validar que estás de acuerdo con su opinión, más que para saber si comprendiste.

Herida #5 – injusticia

La justicia tiene que ver con la apreciación y el respeto de los derechos y mérito de cada uno. Quien sufre esta herida se siente poco valorado, apreciado o respetado en lo que considera su justa medida. Incluso si la persona considera que recibe más de lo que merece, lo entiende como injusticia y le apena.

Se desarrolla entre los 3 y 5 años al desarrollar la individualidad. Puede provocarse con padres muy autoritarios, severos que critican frecuentemente.
La máscara es la rigidez. La persona rígida suele ser muy sensible pero aprende a no mostrar eso a los demás. Por ello parecen fríos e insensibles.

Procura la justicia y la exactitud al máximo, tienden por ello a ser perfeccionistas. Quien sufre de injusticia es más propenso a sentir envidia de quienes tienen más y bajo su criterio, no lo merecen. Es quién más temor tiene de engordar, no acepta el vientre abultado y lo esconde.

Su percepción es que se le aprecia más por lo que hace que por lo que es. Tienen mucho miedo a equivocarse. No respeta sus límites, se exige mucho.

Vocabulario: no hay problema, no pasa nada; siempre o nunca; muy bueno, muy bien, muy especial; justamente, exactamente, ¿estás de acuerdo?

LA SANACIÓN DE LAS 5 HERIDAS DEL ALMA


Puedes sanar tus heridas si las identificas y las aceptas, aunque no estés siquiera de acuerdo en que existen.

Proceso de sanación son 4 pasos:
1. Adquirir conciencia de la(s) máscara(s) que lleva(s);
2. Si sientes resistencia a admitir tu herida debes aceptarla. Aceptar una herida es detectarla, observarla en nosotros y entender que tener situaciones que resolver es parte del ser humano. Ponernos una máscara para no sufrir es un acto de amor.
3. Darte el derecho o permiso de haber sufrido de niño debido a alguno de tus padres y perdonarlos por ello. Sentir compasión por ellos, porque es muy posible que ellos hayan sufrido lo mismo y tu acto rompe ese patrón.
4. Volver a ser tú, sin esa máscara. Amor total por quien realmente sientes que eres ahora.

El amor es la experiencia de ser tú mismo.

El rechazo está sanando si: ocupas tu lugar, te afirmas, te manifiestas amor. Si alguien parece olvidar que existes, no te sientes incómodo internamente.

El abandono está sanando si: te sientes bien contigo al estar solo y cada vez buscas menos llamar la atención. Menos drama en tu vida y más deseos de emprender proyectos, aunque no te apoyen otros.

La humillación está sanando si: le das prioridad a tus necesidades antes que a las de otros. Cargas menos, te sientes más libre. Dejas de crearte límites. Haces preguntas y pones en su sitio, de forma impecable y respetuosa, a quien te molesta.

La traición está sanando si: te alteras menos o nada si cambian repentinamente los planes. Ya no buscas ser el centro de atención. Si logras algo especial te sientes bien solo con tu reconocimiento, sin importar si otros lo hacen o no.

La injusticia está sanando si: te permites ser menos perfeccionista, cometer errores sin montar en cólera o crítica. Muestras tu sensibilidad, lloras delante de otros sin perder el control y sin temer al qué dirán.
Si tus heridas sanan eres más autónomo, menos dependiente en el plano afectivo, pides ayuda sin esperar que el otro se dé cuenta lo que pasa.

Lo que somos y lo que hacemos debe ser la fuente de nuestro bienestar y no los halagos, el agradecimiento, el reconocimiento o el apoyo de los demás.

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